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El confinamiento en los niños de Cienfuegos

Ana adora ir al parque. Se siente un pajarito que vuela bajo la sombra de los árboles. A veces lleva sus colores para dibujar la ciudad. Ella corre, salta, monta bicicleta, y su pelo se amelcocha de tanto sudor. A veces vigila a su mamá y mete los pies en el agua de las fuentes, tan fría y estancada. Hace nuevos amigos y les cuenta que tiene una rana de mascota, que se llama Po y vive en una planta que cuelga de la pared.  

Ana no puede ir al parque. “La letra C me lo prohíbe”, dice. Uno que es más adulto, interpreta que la C viene de la Covid-19, de esa pandemia mundial que ha puesto a millones de infantes en confinamiento sostenido. Ana no se despega de la televisión, le sigue los pasos a la situación epidemiológica del país y de la provincia. Corre por el pasillo de su casa para oír las noticias de la movilidad del virus, en la mañana y antes de dormir. Tiene una mesa llena de experimentos; quiere inventar su propia vacuna, una que no duela, que sea de untarla y ya. Casi siempre huelen a creyón o a chocolate derretido.

Ana sintió pánico cuando un vecino dio positivo al nuevo coronavirus. No quiere ir a un Centro de Aislamiento; ansía ser ese pajarito que vuela bajo la sombra de los árboles. Comenzó a orinarse en la noche mientras duerme y, a veces, se esconde debajo de la cama para llorar como mismo lo hacen las nubes bravísimas.

Desde marzo de 2020 el SARS-CoV-2 plantó bandera en tierra cubana y no ha sido fácil desde entonces cortarle la transmisión. Ha llegado al campo y a la ciudad, al hombre y a la mujer, al niño y a la anciana, al recién nacido y a la embarazada. Ha llegado para tatuar nuestra existencia con una sensación de miedo y soledad.

¿NO HAY ESCUELA?

Hoy, el 99 por ciento de los niños y los jóvenes menores de 18 años del mundo (2 mil 340 millones) vive en alguno de los 186 países donde se han impuesto necesarias restricciones de movimientos por la pandemia. Mientras que el cierre de escuelas ha interrumpido la educación presencial a más de mil 570 millones de estudiantes en todo el orbe, según datos publicados por la Unicef a principios de este año.

Cuba no escapa de ese contexto. En abril de 2020 fue la primera interrupción del curso escolar, confinamiento que duró casi seis meses. Luego vino un respiro, hasta que en enero de 2021 los reportes sanitarios anunciaron más de mil positivos a la Covid-19 en 24 horas, lo cual obligó a congelar la actividad docente presencial en no pocos territorios del país.

Esta es la séptima semana consecutiva en que más de 27 mil estudiantes del municipio de Cienfuegos permanecen en casa ante la compleja situación epidemiológica que presenta la ciudad, su segundo periodo de aislamiento en un año de pandemia… y el tiempo empieza a pesar como botas cargadas de fango.

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